Posteado por: ugtjuventud | 12 agosto 2011

Opinión: JMJ, no es mundial, no está toda la Juventud


Opinión: JMJ, no es mundial, no está toda la Juventud

por Alex Martín: Responsable de Juventud de UGT Madrid y Sº General de Demanda Joven-Jóvenes de UGT Madrid

Algo está cambiando en las conciencias de la aparentemente aletargada juventud, algo que está sacando a la sociedad a la calle, desempolvando los muebles de la conciencia social y abriendo puertas y ventanas. Vivimos una época de despertar social que marcará el rumbo de la participación social, en especial de la juventud en los próximos años. Parece que la voz ha vuelto a la calle, pero no hemos reparado en que algo más importante va tomando fuerza en las bocas de la juventud, de la sociedad y de los barrios, la palabra. La discusión política, social, los debates, se ha convertido en un rechazo a los sofistas del presente, encarnados en el gran Hermano, las televisiones la prensa y la clase política.

La calle está viva, y el proceso de participación individualista dentro de un todo, como es el 15M, será artífice de la germinación de la semilla de la participación juvenil en movimientos organizados antes o después, ya que la reivindicación individual, la subversión frente a la apatía social, tiene como elemento final la socialización de las sensibilidades. Y esa cristalización, debe ser canalizada como un flujo de fuerza social que defienda el estado del bienestar y los valores sociales, desde los distintos ámbitos de la participación juvenil y social.

No cabe duda que la tormenta 15M tiene mucha fuerza, pero la lluvia debe regar todos los campos, para que nazcan verdes y fuertes, y esta tormenta parece estar demasiado inerte en la Puerta del Sol, corriendo el riesgo de llover sobre mojado, y de convertirse en una tormentilla del verano electoral más que en un chaparrón social.

El movimiento 15M debería promover la participación social en organizaciones políticas, sindicales, juveniles y de toda índole como ramificación de la lucha de la gente, contra el capital, los mercados, los bancos las desigualdades y los virulentos ataques al proletariado (hoy llamado clase media para despistar).

Si fueran capaces de revertir la fuerza del despertar ciudadano sobre la participación de la sociedad, tendríamos los valores que engendraron este movimiento como una tendencia social de la que hablar en el futuro. Como una inercia, una palanca un motor una chispa adecuada, aunque mucho me temo que la incapacidad de cristalizar este movimiento, ligado al hermetismo casi endogámico del movimiento y la falta de apoyo a las organizaciones sociales por parte del mismo, de las que reniegan erróneamente en mi opinión, serán las causas de la paulatina muerte de este como algo físico, y desaprovechándolo como algo más valioso.

Creo que la falta de aperturismo a los agentes sociales y entidades varias, no es sino un error basado en la falsa concepción de considerar propia la participación, desechando y rehuyendo de aquellos que ya estábamos indignados antes, aquellos que ya éramos parte del paisaje social, aquellos que ya habíamos tomado la calle. Y en nombre de la lucha social, se ha defendido la individualidad “en” el movimiento frente al movimiento colectivo.

Y con este panorama, con la calle agitada, la palabra cortante y la vaselina preparada, por si los mercados ordenan nuevos recortes, parece vivir ajeno a tan ilustre y elevada visita. La jornada mundial de la Juventud, consistente en despilfarrar millones de euros en traer a un señor de 84 años parece pasar de puntillas sobre la conciencia de una sociedad “encabronada”. No comprendo como la maltrecha, vapuleada y a menudo ignorada ciudadanía no arme la de san quintín a curas, papas y jornadas de la juventud más caras que juveniles.

Me parece indecente y obsceno permitir la utilización de colegios públicos para “acoger” cientos y miles de autobuses (pagados por nuestros impuestos). Por la más que declarada y a menudo pervertida consideración de la educación como algo que debiera ser laico en España, y por la jocosa paradoja de llenar las aulas públicas de niños y de curas.

La visita de un jefe de estado puede (dicen) justificar la parafernalia, pero yo quiero que me monten una fiesta cuando venga a visitarnos Alberto de Mónaco ( en periodo de votaciones olímpicas no, por favor ), y que me pongan un colegio para dormir con mis amiguetes cuando venga Hannah Montana, que también es muy santa y virginal. Oyes… Yo, desde luego no le espero, y con mi dinero, preferiría que se dieran una buena cena, que ya me tienen más acostumbrado.

Debemos ser capaces pues, de canalizar la fuerza social que vive la calle, para crecer, consolidar y fortalecer el tejido asociativo, ya que es la gran red sobre la que se sustenta el estado del bienestar actual. Debemos mantenernos firmes contra aquellos que pretenden arrebatarnos a las clases sociales que nacimos con lo puesto, y unificar voces contra los mercados los especuladores y aquellos que, a nuestra costa quieren enriquecerse. Debemos huir de los sofismos, debemos aprovechar para que, una vez pedida la palabra, no se apague la voz.

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